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Quien no lo conocía al verlo subir al ring, no podía creer que un hombre con un físico tan espigado y además no teniendo un par de dedos de la mano derecha, pudiese dar batalla a los tremendos enemigos que tenía enfrente. Mocho Cota suplía “sus carencias” con tremenda saña ruda, de un verdadero luchador. Rara vez se le aplaudió por ofrecer espectaculares lances, sino por dureza y reciedumbre en la aplicación de castigos y de llaves de buena manufactura. Un rudazo que fué parte de aquellas batallas coliseinos v.s. independientes protagonizadas en los años ochentas donde llegó a ser campeón mundial welter de la NWA. Muchos capítulos de gloria tuvo el gran señor dentro del espectacular mundo de la lucha libre y hoy que parte de esta tierra lo despedimos con un fuerte aplauso.