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El segundo certamen del torneo de la IWGP League se efectuó en el año de 1984 a partir del 11 de mayo y finalizo el 14 de junio del mismo año.

Dos de los contendientes con mayores posibilidades de adjudicarse la supremacía y de llegar a la gran final, lo eran el Ídolo japonés Antonio Inoki y el impresionante luchador francés, André el Gigante.
Ambos mega astros colisionaron en las rondas semifinales de este emblemático torneo que fue ganado por Antonio Inoki, pero mientras eso ocurría Antonio Inoki despejaba su camino hacia la gran final haciéndole frente a André el Gigante, ambos luchadores dieron un luchón de mucha garra y de mucho pundonor.

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Esta fue una batalla épica entre un David Y un Goliat de los tiempos modernos de la época de los ochentas, que por cierto tuvo su epicentro sobre el entarimado del City Gym de Toyohashi, Aichi, Japón en el que se pudieron dirimir las diferencias de estas dos figuras de leyenda.

André el Gigante físicamente tenía considerables ventajas sobre Inoki. Estas ventajas eran su peso, su estatura y una gran fuerza descomunal. El Icono japonés contaba con la experiencia necesaria para anotarse un triunfo mas en su fructífera carrera, además se especializaba en una extensa variedad de castigos, y del dominio de las artes marciales aunado a su inteligencia privilegiada que le permitía dominar los tiempos y los espacios sobre un cuadrilátero, mismos que aprovechaba Inoki para acorralar a sus adversario en los momentos más cruciales de sus excelsas batallas.

Ambos eran monstruos de la popularidad, ambos eran cobijados por el éxito y la fama.

André el Gigante ingresaba al ensogado pasando por encima de la tercera cuerda sin inmutarse, como ya era su costumbre, bajaba la tercera cuerda, ingresaba una pierna hacia adentro del cuadrilátero, después ingresaba la otra pierna, y entraba al ring como Juan por su casa, ante el asombro del publico que dejaba escapar un eco multitudinario de la ya famosa expresión del respetable japonés, el clásico oohhh se hacía rugír para darle la bienvenida a este gigantesco personaje, que mas bien parecía como si hubiera sido sacado de la mitología griega.

André el Gigante era un ser que no se ajustaba a ningún parámetro luchístico y difícilmente se le veía llavear con técnica depurada, lo increíble era que a pesar de su fuerza y descomunal tamaño André se esmeraba para llavearle a su adversarios, digno era de aplaudirse los esfuerzos de André el Gigante por tratar de agradarle a la noble afición.

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Inoki se perfilaba como el favorito a vencer, André el Gigante sabía de la importancia de este histórico torneo, que aunque no contaba con el apoyo del respetable japonés, hizo su mejor esfuerzo para llevar la monumental reyerta hacia el terreno de técnica, y por instantes se midió a Inoki en una lucha a ras de lona, pero decidió cambiar el perfil de la batalla hacia afuera del encordado en donde no cesaba el intercambio de metralla. La intervención del tercero sobre la lona regreso las acciones al ring.

Fue la locura total en el inmueble que se cimbraba con la cuenta de tres que le daba la victoria a un Antonio Inoki agotado, pero feliz de finalmente haberse alzado con el triunfo.