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Desde hace décadas la luchas sangrientas pueden considerarse como comunes dentro de algún cartel de lucha libre sobre todo que no goce de transmisión por televisión. Esto se implantó como moda dentro de la lucha libre que se practicaba en el Toreo con la UWA y muy a menudo los que iniciaban este “desaguisado” eran Los Misioneros de la Muerte en los años ochentas. La sangre corría sin falta en cada cartel semanal que se ofrecía en el Toreo, lo que para algunos era de muy mal gusto mientras que a otros emocionaba. Si era un tanto desesperante ver que una lucha al parecer iba con todos los trazos para emocionar al público y de repente, todo se detenía para dar paso a la sangre y a la lucha un tanto lenta. No pocas veces la gente silbaba en protesta pero los gladiadores no hacían caso y el ring quedaba tinto en sangre. Todos los colosos que arribaban al Toreo en la década de los ochentas sangraron sin excepción. Y remontándonos un poco mas atrás, en los setentas ocurría lo mismo, pues hasta Inoki vimos sangrar. En la Arena México claro que se vió esto pero en mucho menos escala comparado al Toreo y la crítica a este tipo de lucha no se dejó esperar por los grandes cronistas de la lucha en aquellos años que siempre protestaban que esto sucediera, mientras que al parecer a los gladiadores se les tenía la orden de hacerlo en cada función, por lo que la lucha del Toreo siempre se consideró muy violenta y salvaje. Aún con esto el Toreo en la mayoría de sus funciones, siempre lució con grandiosas entradas en su recinto.